50º Aniversario de la Revolucion Cubana, 1959 - 2009



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Marxismo y reformismo

V. I. Lenin

A diferencia de los anarquistas, los marxistas admiten la lucha por las reformas, es decir, por mejoras de la situación de los trabajadores que no lesionan el poder, dejándolo como estaba, en manos de la clase dominante. Pero, a la vez, los marxistas combaten con la mayor energía a los reformistas, los cuales circunscriben directa o indirectamente los anhelos y la actividad de la clase obrera a las reformas. El reformismo es una manera que la burguesía tiene de engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos asalariados, pese a algunas mejoras aisladas, mientras subsista el dominio del capital.
Cuando la burguesía liberal concede reformas con una mano, siempre las retira con la otra, las reduce a la nada o las utiliza para subyugar a los obreros, para dividirlos en grupos, para eternizar la esclavitud asalariada de los trabajadores. Por eso el reformismo, incluso cuando es totalmente sincero, se transforma de hecho en un instrumento de la burguesía para corromper a los obreros y reducirlos a la impotencia. La experiencia de todos los países muestra que los obreros han salido burlados siempre que se han confiado a los reformistas.
Por el contrario, si los obreros han asimilado la doctrina de Marx, es decir, si han comprendido que es inevitable la esclavitud asalariada mientras subsista el dominio del capital, no se dejarán engañar por ninguna reforma burguesa. Comprendiendo que, al mantenerse el capitalismo, las reformas no pueden ser ni sólidas ni importantes, los obreros pugnan por obtener mejoras y las utilizan para proseguir la lucha, más tesonera, contra la escalvitud asalariada. Los reformistas pretenden dividir y engañar con algunas dádivas a los obreros, pretenden apartarlos de su lucha de clase. Los obreros, que han comprendido la falsedad del reformismo, utilizan las reformas para desarrollar y ampliar su lucha de clase.
Cuanto mayor es la influencia de los reformistas en los obreros, tanto menos fuerza tiene éstos, tanto más dependen de la burguesía y tanto más fácil le es a esta última anular con diversas artimañas el efecto de las reformas. Cuanto más independiente y profundo es el movimiento obrero, cuanto más amplio es por sus fines, más desembarazado se ve de la estrechez del reformismo y con más facilidad consiguen los obreros afianzar y utilizar ciertas mejoras.
Reformistas hay en todos los países, pues la burguesía trata por doquier de corromper de uno u otro modo a los obreros y hacer de ellos esclavos satisfechos que no piensen en destruir la esclavitud. En Rusia, los reformistas son los liquidadores, que renuncian a nuestro pasado para adormecer a los obreros con ilusiones en un partido nuevo, abierto y legal. No hace mucho, obligados por Siévernaya Pravda, los liquidadores de San Petersburgo comenzaron a defenderse de la acusación de reformismo. Es preciso detenerse a examinar con atención sus razonamientos para dejar bien clara uba cuestión de extraordinaria importancia.
No somos reformistas -escribían los liquidadores petersburgueses-, porque no hemos dicho que las reformas lo sean todo y que el objetivo final no sea nada; hemos dicho: movimiento hacia el objetivo final; hemos dicho: a través de la lucha por las reformas, hacia la realización plena de las tareas planteadas.
Veamos si esta defensa corresponde a la verdad.
Hecho primero. Resumiendo las afirmaciones de todos los liquidadores, el liquidador Sedov ha escrito que dos de "las tres ballenas" presentadas por los marxistas no sirven hoy para la agitación. Ha dejado la jornada de ocho horas, que, teóricamente, es factible como reforma. Ha suprimido o relegado precisamente lo que no cabe en el marco de las reformas. Por consiguiente, ha incurrido en el oportunismo más palmario, preconizando ni más ni menos que la política expresada por la fórmula de que el objetivo final no es nada. Eso es justamente reformismo, ya que el "objetivo final" (aunque sólo sea con relación a la democracia) se aparta bien lejos de la agitación.
Hecho segundo. La decantada conferencia de agosto (del año pasado) de los liquidadores también pospone -reservándolas para un caso especial- las reivindicaciones no reformistas, en vez de sacarlas a primer plano y colocarlas en el centro mismo de la agitación.
Hecho tercero. Al negar y rebajar "lo viejo", queriéndose desentender de ello, los liquidadores se limitan al reformismo. En las actuales circunstancias es evidente la conexión entre el reformismo y la renuncia a "lo viejo".
Hecho cuarto. El movimiento económico de los obreros provoca la ira y las alharacas de los liquidadores ("pierden los estribos", "no hacen más que amagar", etc., etc.), toda vez que se vincula con consignas que van más allá del reformismo.
¿Qué vemos en definitiva? De palabra, los liquidadores rechazan el reformismo como tal, pero de hecho lo aplican en toda la línea. Por una parte nos aseguran que para ellos las reformas no son todo, ni mucho menos; mas, por otra, siempre que los marxistas van en la práctica más allá del reformismo, se ganan las invectivas o el menosprecio de los liquidadores.
Por cierto, lo que ocurre en todos los terrenos del movimiento obrero nos muestra que los marxistas, lejos de quedarse a la zaga, van muy por delante en lo que se refiere a la utilización práctica de las reformas y a la lucha por las reformas. Tomemos las elecciones a la Duma por la curia obrera: los discursos pronunciados por los diputados dentro y fuera de la Duma, la organización de periódicos obreros, el aprovechamiento de la reforma de los seguros, el sindicato metalúrgico, uno de los más importantes, etc., y veremos por doquier un predominio de los obreros marxistas sobre los liquidadores en la esfera de la labor directa, inmediata y "diaria" de agitación, organización y lucha por las reformas y su aprovechamiento.
Los marxistas realizan una labor constante sin perder una sola "posibilidad" de conseguir reformas y utilizarlas, sin censurar, antes bien apoyando y desarrollando con solicitud cualquier actividad que vaya más allá del reformismo tanto en la propaganda como en la agitación, en las acciones económicas de masas, etc. Mientras tanto, los liquidadores, que han abandonado el marxismo, no hacen con sus ataques a la existencia misma de un marxismo monolítico, con su destrucción de la disciplina marxista y con su prédica del reformismo y de la política obrera liberal más que desorganizar el movimiento obrero.
Tampoco se debe olvidar que el reformismo se manifiesta en Rusia de una forma peculiar, a saber: en la equiparación de las condiciones fundamentales de la situación política de la Rusia actual y de la Europa actual. Desde el punto de vista de un liberal, esta equiparación es legítima, pues el liberal cree y confiesa que, "gracias a Dios, tenemos Constitución". El liberal expresa los intereses de lo burguesía cuando defiende la idea de que, después del 17 de octubre, toda acción de la democracia que vaya más allá del reformismo es una locura, un crimen, un pecado, etc.
Pero precisamente estas ideas burguesas son las que ponen en práctica nuestros liquidadores, que "trasplantan" sin cesar y con regularidad (en el papel) a Rusia tanto el "partido a la vista de todos" como la "lucha por la legalidad", etc. Con otras palabras, los liquidadores preconizan, a semejanza de los liberales, el trasplante de una Constitución europea a Rusia sin reparar en el camino peculiar que condujo en Occidente a la proclamación y afianzamiento de las constituciones durante varias generaciones y, a veces, incluso siglos. Los liquidadores y los liberales quieren, como suele decirse, pescar truchas a bragas enjutas.
En Europa, el reformismo significa en la práctica renuncia al marxismo y sustitución de esta doctrina por la "política social" burguesa. En nuestro país, el reformismo de los liquidadores implica, además de eso, desmoronamiento de la organización marxista, renuncia a las tareas democráticas de la clase obrera y sustitución de éstas con una política obrera liberal.


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"Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información". Rodolfo Walsh, ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), 1976

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LAS ELECCIONES: UNA GRAN MAQUINA DE ALIENACION SOCIAL

La Concertación y la Alianza por Chile con respecto a lo electoral, están claros, saben adonde apuntan y además en ese ámbito navegan como en sus propias aguas. Las elecciones y en particular el sistema binominal, son sus engendros dictatoriales y por lo mismo saben de antemano que los resultados, no alterarán en absoluto los objetivos alcanzados en cuanto a la macro-política. Sin embargo, todo el mundo no sabe, que entre elecciones y elecciones, la clase dominante se da sus tiempos y se da sus mañas para aprobar y promulgar todas las leyes que les son necesarias para consolidar la institucionalidad y mediante esta, mantener en el largo plazo, las condiciones de abuso y superexplotación de los trabajadores y el pueblo. Así ha ocurrido con la Ley de pesca, el Auge, la “reforma previsional”, la LGE y tantas otras leyes de mayor o menor rango, pero que han continuado ampliando los privilegios de clase de la gran burguesía y de las transnacionales. La disputa electoral, no cumple otra finalidad que no sea, establecer los reacomodos políticos para definir cual de las dos fracciones burguesas impone su hegemonía mediante el control de las estructuras del Estado capitalista.


A los sectores dominantes le es casi natural definir los alcances de sus proyectos mediante las elecciones, y esto se da a través del llamado sufragio universal que, consagra “democráticamente” los intereses de los más ricos por sobre los intereses de los más pobres. Es tan así, que elecciones y democracia se entienden como sinónimos. Usando este mecanismo, con más o menos restricciones, la clase patronal nos llevan casi dos siglos haciéndonos creer, que el gran ejercicio de la política lo realiza la “ciudadanía” a través del acto “cívico” de votar, que otorga el “derecho” de elegir cada cierto tiempo a “representantes populares” que jamás se han conocido, como para pensar que pueden sintonizar con los problemas o necesidades de esos ocasionales electores, o sea la masa electoral. Si a todo este mito de la democracia, agregamos, como ocurría en antaño, una buena dosis de ignorancia y de superstición, más las ofertas de regalos en especies o dinero, es decir, el cohecho; el cuadro queda completo para estructurar por varios años una sociedad, cuyo entramado cultural se sostenga en la credulidad popular ingenua, que acepta como verdad miles o millones de frases populistas y demagógicas, que constituirán los nuevos tramos ideológicos de la dominación burguesa.


Tenemos que decir, que las elecciones dentro de condiciones políticas legalmente limitadas, no sólo constituye un mecanismo que simula la voluntad política de las mayorías, sino que además, configura la mascarada práctica de la demagogia y del voluntarismo burgués, para hacer pasar su sistema como una gran estructura participativa que de modo “efectivo” y “real” entrega el mando político soberano a los “ciudadanos”. En la democracia burguesa la participación y el control político “ciudadano”, no son otra cosa que un remedo, que busca de manera falsa ocultar el verdadero carácter y la naturaleza antipopular del Estado capitalista.


EL CAPITALISMO NO PUEDE SER DEMOCRATICO

La afirmación marxista de que cualquier Estado se organiza como un “Instrumento Especial de Represión”, expresa que toda sociedad está cruzada por contradicciones que sólo se resuelven por la vía de la lucha. No es una unilateralidad que en el debate sobre los distintos factores que integra la lucha de clases y las particulares contradicciones que se despliegan en el proceso de enfrentamiento -velado o no- de las clases en pugna, el marxismo instale la tesis de que históricamente no ha existido ni existe un Estado como institución supra-social, elevándose como un instrumento neutro por encima de los antagonismo sociales. Lenin acomete la tarea de estudiar con ánimo prolijo el tema del Estado y en su texto “El Estado y la Revolución” comienza citando in extenso a Engels para dar a conocer la concepción categórica y maciza del socialismo científico. Extrae de las páginas 177 y 178 de la 6ª edición alemana del "El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado", la cita más precisa que caracteriza al Estado en las sociedades de clase: "El Estado -- dice Engels, resumiendo su análisis histórico -- no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco 'la realidad de la idea moral', 'la imagen y la realidad de la razón', como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado consigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso hízose necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del 'orden'. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado" (1) y para completar aún más estas ideas tan precisas acerca del tema, Lenin agrega otra magnifica frase que sintetiza lo escrito por Engels: El Estado es producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.” (2) Volvemos a nuestras fuentes teóricas porque precisamente, la burguesía como clase y los oportunistas de todo pelaje, a la hora de entablar siquiera una pequeña reflexión sobre lo electoral, tapan con todo tipo de filosofía barata y vulgar, los verdaderos nexos que relacionan las formas y mecanismos de la dominación, para negar al sufragio universal como un evento originalmente perverso y maleado, tan sólo por realizarse en un contexto de dominio de una clase por sobre otra, por el sólo hecho de que existen dentro de la realidad objetiva los explotados y explotadores.


No puede ser que por un falso realismo o la voluntad política de asumir una visión pragmática, se nos quiera enredar en la falsa idea de que una elección es la magna expresión de la soberanía popular. Esta idea generalizada y aceptada como verdad por amplios sectores de población en las actuales sociedades, no tiene otra explicación que la manipulación y domesticación masiva que produce la aplastante maquinaria de publicidad y propaganda que opera el Estado, y esto en condiciones políticas, económicas, sociales y militares; favorables absolutamente a las clases dominantes. Una mirada realista o una visión coherente con la realidad, debiera hacer la constatación histórica de que la burguesía en el seno de su sistema: el capitalismo; tiene categóricamente una correlación de fuerzas que le permite dirigir desde el Estado esta falsa noción de protagonismo y soberanía popular.


LA CONQUISTA DE LIBERTADES DEMOCRÁTICAS

Son los cambios en la correlación de fuerzas, es la dinámica dialéctica del antagonismo social, la que historiza el carácter materialista de la relaciones sociales de producción. El como la relación capital/trabajo, condiciona el conjunto de los nexos humanos, implicando los modos de respuesta de los distintos sectores sociales al fenómeno de la opresión y explotación capitalista. Los distintos momentos por los que transcurre la lucha de clases, muestran ya sea de modo leve o de un modo agudo, el como mediante esa lucha una u otra clase conquistan o conservan, o recuperan para si mismas, espacios de realización histórica de sus intereses tácticos o estratégicos.


Los sectores o clases dominadas, en el marco del capitalismo, presionados y tensionados por las condiciones de opresión, se ven obligados a caminar trechos importantes de enfrentamientos contra quienes han concientizado son sus enemigos. El desarrollo de la conciencia, habilita a los explotados para definir las formas y los instrumentos que los constituyan en sujetos y protagonistas de los cambios. Deben cruzar distintas fases y diferentes estadios de desarrollo en sus experiencias de lucha, desde los grados más elementales de aprehensión de la realidad, hasta los niveles más profundos y más rigurosos de conocimiento y compromiso político. En estos recorridos históricos, acumulan, constituyen y movilizan fuerza, y van arrancando a sus opresores cuotas de derechos y de poder. Desde la génesis del movimiento emancipatorio, los explotados viven escuelas de aprendizaje que permiten ir decantando en el tiempo, la ignorancia, la superstición, la ingenuidad y el espontaneísmo, que son elementos que no sólo los muestran, sino que los hacen débiles y manipulables ante las clases dominantes. Este dinamismo social sitúa a los trabajadores y al pueblo en campos de disputa que hacen legitimas y tácticamente necesarias, determinadas herramientas y métodos con los cuales sólo se pueden conquistar objetivos parciales que desde un punto de vista cuantitativo ayudan o favorecen enormemente el ánimo y la conciencia, así como la combatividad de los actores sociales. La lucha democrático-reivindicativa puede ser una perfecta escuela para develar lo real y concreto de las contradicciones de clase. La lucha por reformas económicas y políticas pueden ser verdaderos procesos aquilatadores y fortalecedores de la visión y de los procesos organizativos de la clase. En este sentido, también podemos decir, y sin temor a equivocarnos, que la participación de la clase -incluyendo en esta a sus sectores de vanguardia- en la disputa electoral; puede ser y en algunos casos así está comprobado, un importante y ganancioso espacio de proyección revolucionaria, de agitación y propaganda del programa revolucionario, de ejercicio práctico para la relación más estrecha de los revolucionarios con los sectores obreros y populares, como también para descubrir nuevos mecanismos de acción y formas de comunicación e influencia entre las masas. El éxito o fracaso en este tipo de intervención para la cual no se establece un marco de principios, que no sean los que en cualquier momento y en cualquier lugar orientan y disciplinan la conciencia y la conducta de los revolucionarios. Decíamos que el éxito o fracaso depende de varios factores -a nuestro juicio- dignos de observar y tomar en cuenta:

1. Características del periodo de la lucha de clases. Momentos y fases por las cuales transcurren los antagonismos y los grados en que se encuentran las contradicciones (etapa de repliegue, de repliegue y reflujo, de activación básica de las luchas sociales, de reactivación social y situaciones de descontento generalizado, de alza en las luchas sociales y políticas y una fase de extensión nacional en el conflicto de clase, etapa de contraofensiva popular y revolucionaria y cancelación del periodo de reflujo e inicio de un periodo de alza sostenida y pre-revolucionario.).

2. Los niveles de organización y desarrollo de la Dirección Revolucionaria. Es importante decir, que los grados de agudización de las contradicciones sociales se pueden dar al margen de la existencia o no, y al margen de los procesos de génesis, fortalecimiento y/o desarrollo del partido revolucionario.

3. Del estado en que se encuentren los sectores dominados. Los tipos de organización dados, la cohesión o división social, la conciencia en sus distintos estadios o los fenómenos de enajenación que transversalizan a las franjas sociales (individualismo, consumismo, apatía política, arribismo social, etc, etc.)

4. Fortalezas o debilidades del sistema capitalista. La homogeneidad o heterogeneidad en los sectores hegemónicos. La crisis económica y sus etapas de acentuación. Las formas de gestión política para resolverla o administrarla en función de evitar riesgos estructurales en el Modelo de acumulación.


Pensamos que son varios los elementos que hoy conspiran para hacer más o menos exitoso un proceso de intervención electoral de la izquierda y los revolucionarios. En primer lugar corresponde decir que, las elecciones no resuelven los problemas de métodos que puedan ser necesarios para encaminar o dar salidas a las trabas que dificultan las tareas de reconstrucción del sujeto revolucionario. Las elecciones no son en sí, tácticas de desarrollo o de progresión de un objetivo estratégico, siempre será, en este sentido, apenas una de las formas de lucha o de intervención de la izquierda y los revolucionarios dentro de un proceso más vasto e integral de acumulación de fuerzas y un elemento importante, pero, incluido en una táctica de conducción de masas. Las elecciones no son fundamentos de principios, que puedan por su importancia definir o condicionar el carácter estratégico del enfrentamiento de clases. Lo que puede en muchos casos, -a nuestro juicio- atribuirle a estas formas de intervención, características de detonante político en determinadas coyunturas de la lucha de clases, es al hecho de que establezcan el impacto de confirmar un cambio radical en la correlación de fuerzas (elección de Allende, elección de Chávez, de Morales, de Correa) que producen de una manera patente un vuelco en las cuentas de los sectores dominantes, cuando estas han creído aún tener la sartén por el mango.


En momentos muy excepcionales de la lucha de clases, las elecciones representan lo que la izquierda ha sido capaz de acumular como fuerza social, que sin duda explica el esfuerzo perseverante de muchos años de organización y de lucha. Ahora, esos momentos también expresan itinerarios dentro de los cuales los trabajadores y el pueblo han obtenido importantes conquistas y ampliaciones significativas de las libertades democráticas, por supuesto en el marco de la dominación burguesa. Esto se experimentó en Chile, y se puede decir, que tal proceso de arrancar derechos y mayor participación política costo casi 40 años a nuestra clase. Es mas, podemos afirmar, que tal proceso, lleno de combatividad y heroísmo, fue coronado con el triunfo del compañero Salvador Allende como presidente de nuestro país. Salvando las diferencias con la situación actual, el camino hecho por la clase obrera y los sectores populares en esos años, demostraba que detrás de cada conquista obrera y popular se encontraba una masiva, conciente y férrea organización de clase. Obviamente, el desarrollo de estos niveles de conciencia y organización no fue un proceso lineal, en este recorrido hubieron avances y retrocesos, fracasos y triunfos, y a veces más fracasos que triunfos. Pero, estaba dado, todo un ánimo de protagonismo y decisión que nos permitía hablar de organismo vivos de masas y un movimiento social con voluntad de articulación y con una tremenda vocación unitaria.


En este mismo periodo, en el campo de la dominación nos encontrábamos con fracciones burguesas enfrentadas a situaciones de desarme social e ideológico como también a necesidades de modernización y readecuaciones históricas del Estado como instrumento de dominación. El Estado “Benefactor”, o el Estado de “Convivencia Social” que no deja de ser un mito, de una u otra forma representó alianzas de clases que posibilitaron históricamente incorporar a los sectores progresistas a la disputa electoral y ocupar las elecciones como tribunas políticas que también aportaron al proceso de acumulación. La clase obrera y progresivamente sectores sub-proletarios se constituyen en actores sociales legítimos y en algunos casos también legales en la lucha por conquistar cuotas del poder del Estado. Así y todo, por los niveles de conciencia que expresaban los sectores obreros y populares, se reflejaba la claridad en cuanto a que la lucha más importante tenía que ver con la emancipación de los trabajadores del yugo capitalista.


Los cientos o miles de desafíos que realizaron los trabajadores en los años 60-70 en una situación de alza de las luchas populares al nivel continental, reflejan los grados claros de polarización que alcanzaba la lucha de clases, pero también significaba, que la izquierda dando a estas luchas un sello clasista establecía una relación dialéctica entre contenido y forma. Y es esta relación la que junto con el agotamiento del modelo de “sustitución de importaciones”, es decir, paralelo al desmoronamiento de los contenidos programáticos del reformismo burgués, va prefigurando el surgimiento de la alternativa revolucionaria. Es este cuadro político-ideológico, el que nos presenta las escisiones de la Democracia Cristiana (IC, MAPU), la posterior candidatura de Radomiro Tomic y finalmente el triunfo electoral del candidato popular Salvador Allende. Tenemos entonces con la conquista del gobierno, un enorme avance de las fuerzas populares, pero un avance que trae aparejada la contradicción entre reformismo e institucionalidad, contradicción que se va agudizando hasta mostrar la real condición y función de las estructuras del poder burgués. La lección es que la participación en los procesos electorales, dada ciertas condiciones favorables a la izquierda y los revolucionarios, posibilita ampliar la base social de apoyo, pero sin que esta base social se constituya en poder político, en tanto sólo realiza el ejercicio de emular la democracia burguesa representativa.


Lenin nuevamente citando a Marx, nos ilustra acerca de cómo los autores del socialismo científico vieron y con que claridad, la forma en como opera el capitalismo, en los momentos de mayor ampliación de las libertades democráticas: “En la sociedad capitalista, bajo las condiciones del desarrollo más favorable de esta sociedad, tenemos en la República democrática un democratismo más o menos completo. Pero este democratismo se halla siempre comprimido dentro de los estrechos marcos de la explotación capitalista y es siempre, en esencia, por esta razón, un democratismo para la minoría, sólo para las clases poseedoras, sólo para los ricos. La libertad de la sociedad capitalista sigue siendo, y es siempre, poco más o menos, lo que era la libertad en las antiguas repúblicas de Grecia: libertad para los esclavistas. En virtud de las condiciones de la explotación capitalista, los esclavos asalariados modernos viven tan agobiados por la penuria y la miseria, que “no están para democracias”, “no están para política”, y en el curso corriente y pacífico de los acontecimientos, la mayoría de la población queda al margen de toda participación en la vida político-social." (3) Esta radiografía del capitalismo del siglo XIX, se puede obtener en el Chile de hoy, en los eventos electorales. Esto significa que estamos dentro del mismo sistema, sólo que ahora las elecciones se acompañan de sendas maquinarias publicitarias y de un no despreciable financiamiento en dinero. Con estos cuantiosos gastos, los proletarios tenemos derecho a dudar de la transparencia de esta “magnífica” democracia burguesa. Agreguemos una cita más para desenmascarar lo que comportan en realidad y objetivamente estos eventos, que hacen pensar bajo cuadros de alienación e ignorancia, que los explotadores son sensibilidades democráticas y pluralistas, y Marx no deja de ser categórico en cuanto a estas limosnas o migajas de participación que ofrece la clase dominante: “Marx puso de relieve magníficamente esta esencia de la democracia capitalista, al decir, en su análisis de la experiencia de la Comuna, que a los oprimidos se les autoriza para decidir una vez cada varios años ¡qué miembros de la clase opresora han de representarlos y aplastarlos en el parlamento! Pero, partiendo de esta democracia capitalista —inevitablemente estrecha, que repudia por debajo de cuerda a los pobres y que es, por tanto, una democracia profundamente hipócrita y mentirosa— el desarrollo progresivo, no discurre de un modo sencillo, directo y tranquilo “hacia una democracia cada vez mayor”, como quieren hacernos creer los profesores liberales y los oportunistas pequeñoburgueses. No, el desarrollo progresivo, es decir, el desarrollo hacia el comunismo pasa a través de la dictadura del proletariado, y no puede ser de otro modo, porque el proletariado es el único que puede, y sólo por este camino, romper la resistencia de los explotadores capitalistas.” (4)


Sin embargo, no caigamos en contradicciones, porque si bien es cierto que la burguesía está sólo dispuesta a ofrecer un minimun, son los explotados los que premunidos de conciencia y sumando la fuerza necesaria, se hacen capaces dentro de un tramo cuantitativo de enfrentamientos parciales con su enemigo, de obtener niveles más amplios y profundos de participación política, sobrepasando a veces en mucho, lo que está dispuesta a conceder la clase patronal. Esto ocurre, cuando los trabajadores y el pueblo han ganado un grado importante y significativo de organización, conciencia y unidad de clase, que se expresa en combativas movilizaciones, que ponen seriamente en riesgo la “paz” y la estabilidad del sistema.


LA OPCION DEL REFORMISMO DE IZQUIERDA Y PERDER LA BRUJULA

Los revolucionarios debemos sacar la fruta cuando está madura, ni verde, ni podrida. Una visión dialéctica de los hechos, necesariamente nos lleva a establecer una táctica de masas que asume y valora todas las formas de lucha. Esta opción, de darse condiciones objetivas adecuadas y favorables, pudiese en algún momento llevarnos a participar de disputas electorales y perfilar ante las masas un gran programa político-táctico y militantes que lo representen, lo agiten y lo propagandicen como candidatos populares. Una campaña electoral con el sello revolucionario, puede ser perfectamente probable como una de las formas del enfrentamiento de clases. Y hasta podríamos triunfar con algunas candidaturas y podríamos ocupar escaños parlamentarios. Pero, pero, ¿Qué buscamos? ¿Qué haríamos en ese espacio?. Y son justamente estas las preguntas que nos debemos hacer. Mas, no sólo cuando definimos una intervención legal, sino que en todas y bajo todas las condiciones en que se exprese nuestra lucha. En primer lugar con objetivos revolucionarios absolutamente claros, y en segundo lugar, distinguiéndonos categóricamente de nuestros enemigos, estableciendo las diferencias tajantes con el enemigo, en lo político, en lo social, en lo ideológico y en lo ético. Siempre nuestra lucha debe apuntar, con coherencia, con honestidad e inteligencia a favorecer los grandes objetivos estratégicos y que hemos sabido definir con antelación.


Acerca de estos asuntos que demarcan políticamente la posición revolucionaria, en cuanto al uso de “todas las formas de lucha”, nos advierte un leninista consecuente, al Che también le preocupaba este asunto y nos dijo: "Es peligroso que llevados por el deseo de mantener durante algún tiempo condiciones más favorables para la acción revolucionaria mediante el uso de ciertos aspectos de la legalidad burguesa, los dirigentes de los partidos progresistas confundan los términos, cosa que es muy común en el curso de la acción, y se olviden del objetivo estratégico: la toma del poder".(5)

Sectores de la izquierda que comenzaron tempranamente con esta incursión táctica, lo hicieron tantas veces, tan repetidamente, que finalmente se les olvidó la toma del poder. El reformismo obrero y pequeño burgués, sin aceptarlo de manera explícita, terminaron repitiendo el mismo proceso de la socialdemocracia europea, el sector que encabezado por Eduard Bernstein, se aparto definitivamente de las tesis de Marx en cuanto a la dictadura del proletariado y la violencia revolucionaria de masas. El reformismo de izquierda en nuestro país, aún no reconoce de forma explícita estos postulados, prefiriendo situarse en una ambigüedad teórica como la “revolución democrática” que le aparta taxativamente de una visión dialéctica, para hacerles abrazar el pragmatismo político.


El Che conocedor de estas posturas conciliadoras y vacilantes; plantea a que situaciones se expone el movimiento obrero y popular cuando se convierte en seguidor de este oportunismo de izquierda: "Luchas electorales de menor cuantía, algún avance electoral, por aquí; dos diputados, un senador, cuatro alcaldías; una gran manifestación popular que es disuelta a tiros; una elección que se pierde por menos votos que la anterior; una huelga que se gana, diez que se pierden; un paso que se avanza, diez que se retrocede; una victoria sectorial por aquí, diez derrotadas por allá; Y, en el momento preciso, se cambian las reglas del juego y hay que volver a empezar". (6) Y para aclararnos y ubicarnos en una cabal comprensión de estas posiciones, que sabemos han costado caro a las luchas de nuestros pueblo, sin negar, las debilidades que a los revolucionarios nos impidieron instalar la conducción revolucionaria. Es bueno, intentar desde su lectura de la realidad, extraer la respuesta a estas encrucijadas de las luchas del hoy: "¿Por qué estos planteamientos? ¿Por qué esta dilapidación de las energías populares? Por una sola razón. En las fuerzas progresistas de algunos países de América existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones defensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase". (7)

Porque compartimos este análisis del Che y que no nos parece para nada, en las nuevas condiciones un discurso extemporáneo, tenemos que insistir que la lucha electoral, ahora, en estos momentos, nos parece una gran mascarada político-ideológica, y esto frente a los grandes desafíos que los revolucionarios tenemos por delante y que es la reconstrucción de los peldaños básicos desde los cuales impulsar la lucha democrático-revolucionaria. Y junto con estas tareas, barrer con los mitos y mentiras que confunden y alienan el rumbo del pueblo respecto de sus verdaderos problemas y necesidades y por eso le escuchamos al Che desde la memoria de sus palabras: "No debemos admitir que la palabra democracia, utilizada en forma apologética para representar la dictadura de las clases explotadoras, pierda su profundidad de concepto y adquiera el de ciertas libertades más o menos óptimas dadas al ciudadano. Luchar por conseguir la restauración de cierta legalidad burguesa sin plantearse, en cambio, el problema del poder revolucionario, es luchar por retornar a cierto orden dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes: es, en todo caso, luchar por el establecimiento de unos grilletes que tengan en su punta una bola menos pesada para el presidiario". (8)

LAS TAREAS QUE LOS REVOLUCIONARIOS NO REALIZAMOS

Una vez más nos parece oportuno y pertinente declarar algunas afirmaciones: En Chile no estamos viviendo un periodo de alza en las luchas populares. No estamos asistiendo a un cambio de periodo en la lucha de clases. La izquierda y los revolucionarios, nos encontramos en la misma situación de hace 10 o más años, en cuanto al tema de la unidad. Las grandes y pequeñas direcciones de las orgánicas políticas; continúan escudando su falta de voluntad por la unidad tras el concepto de la diversidad, queriendo pasar gatos por liebres cuando predican “la unidad en la diversidad”, “todos pueden conservar su identidad particular” “hay que tener respeto por la autonomía orgánica”. Sin embargo, paradójicamente todos hablan de una unidad que no está dada y que después de elaborar un pliego del pueblo se convierte en un “calabaza, calabaza cada uno pa` su casa”. Todos los compañeros supuestamente marxistas, abandonan la no reconocida jornada de coordinación, sin que ninguno reivindique, salvo contadas excepciones, el Partido Revolucionario, y una mínima centralidad en las tareas de acumulación de fuerzas.

Tal vez hoy haya un “Pliego del Pueblo”, un solo pliego del pueblo, pero que lo vamos a difundir, a agitar, a propagandizar, cientos o miles de átomos de una izquierda revolucionaria que no quiere asumir la audacia de la UNIDAD orgánica, política y teórica para enfrentar a un enemigo que sí esta muy de acuerdo y muy unido, táctica y estratégicamente.

Pero, pero a pesar de los pesares, insistimos: La unidad de los revolucionarios, la unidad de la izquierda, la unidad de los trabajadores y el pueblo; es la mejor de las elecciones para avanzar en la lucha por la justicia, por la igualdad. Es la única elección que nos conducirá al SOCIALISMO.


Movimiento por la Convergencia Revolucionaria (MCR)


Notas Bibliográficas

(1) LENIN V.I. “El Estado y la Revolución”. Cap.I pág. 1. Edic.Fundación Federico Engels.

(2) LENIN V.I. “El Estado y la Revolución”. Cap.I pág. 1. Edic.Fundación Federico Engels.

(3) LENIN V.I. “El Estado y la Revolución”.Cap.V pág. Tit. 2 Ediciones en lenguas extranjeras-Moscú.

(4) LENIN V.I. “El Estado y la Revolución”.Cap.V pág. Tit. 2 Ediciones en lenguas extranjeras-Moscú.

(5) (6) (7) (8) Guevara E. CHE. revista Verde Olivo, órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba




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Ellos se atrevieron

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Comunicado

A LOS TRABAJADORES.
AL PUEBLO.
A LOS CANSADOS DE LAS MANIPULACIONES Y LAS MENTIRAS DE LA CLASE DOMINANTE.
A QUIENES QUIEREN CONSTUIR UNA SOCIEDAD JUSTA Y SOLIDARIA.

Estamos a 35 años del golpe de Estado que hizo caer la más grande de las represiones sobre la clase obrera y los pobres de Chile. El proyecto de sociedad que nuestros compañeros y compañeras; ejecutados políticos, detenidos desaparecidos, presos y exiliados por la dictadura de los monopolios, quisieron construir para Chile, vuelve, después de todos estos largos años, a levantarse como un susurro de la minoría que hemos guardado en la conciencia: el valor moral y la cultura de clase de Víctor Jara, el espíritu y el ejemplo consecuente del presidente Allende, la opción revolucionaria y la decisión de combate de Miguel Enríquez y la de los miles de héroes y mártires que testimoniaron su compromiso con la entrega de su vida.

La lucha de años por el Pan, el Techo, la Vivienda digna, por salarios justos, por educación y salud gratuitas para las mayorías pobres de este país, la lucha por cambiar de raíz las condiciones de hambre y miseria, de analfabetismo e ignorancia de amplios sectores de nuestro pueblo, vuelve a emerger como una necesidad que reclama espacios políticos democráticos reales y efectivos y condiciones de igualdad social y económica. La protesta popular, aún no es la expresión de los más amplios sectores sociales afectados por el modelo económico. Sin embargo, quienes se han puesto de pie y han iniciado la lucha contra los efectos del modelo, de a poco van aquilatando una conciencia que descubre en el capitalismo las causas de la explotación y opresión de los trabajadores y el pueblo.

En la otra vereda, los representantes de los intereses capitalistas, los políticos burgueses, que ya cumplen dos décadas mintiendo, manipulando y robando desde las instituciones del poder. Los politicastros que hoy profitan de los recursos que pertenecen a todos los chilenos, se han dado cuenta, que más temprano que tarde, su modelo económico y después su sistema harán aguas por todos lados, y por esta razón flexibilizan sus posturas y posibilitan que la izquierda reformista participe del juego electoral, aunque sea otorgándoles migajas, puesto que de ningún modo van a acceder el cambio en las reglas del juego del sistema binominal. Estas son las máximas concesiones que pueden hacer y por lo mismo, creemos que van a mantener inalterable las políticas económicas que han posibilitado por más de dos décadas una vergonzosa y descarada concentración y acumulación de los capitales y las riquezas de nuestro país en las pocas manos de los monopolios y de las transnacionales. De esta manera, la clase dominante también va acumulando una importante presión de descontento y rebeldía popular en la caldera social del país.

Ante este panorama, predecible desde el punto de vista político, la izquierda y los revolucionarios, no debemos equivocar el diagnóstico y proponer recetas que al final resulten peor que la enfermedad. No debemos por lo tanto descartar de ese mismo diagnóstico, que una importante dolencia en el cuerpo popular, es la atomización, la fragmentación social y la dispersión en el campo de las ideas. En este sentido, cualquiera solución, pasa necesariamente por construir de manera urgente la unidad de los revolucionarios, iniciando sin más dilaciones un proceso verdadero y consecuente de convergencia de las organizaciones revolucionarias que quieran de verdad cambiar profundamente los destinos de Chile. Quienes hoy proclamen otras prioridades y salidas a la actual crisis del capitalismo y al ya evidente colapso del modelo económico, se sitúa fuera de los intereses históricos y estratégicos de nuestra clase. En estos últimos dos años ha quedado demasiado claro, cuales son las tareas que los revolucionarios debemos emprender para hacer exitoso el proceso de acumulación, constitución y movilización de fuerzas: La unidad de los revolucionarios, la unidad de la izquierda y la unidad de los trabajadores y el pueblo, es decir, construir el Partido Revolucionario, conformar un gran frente Político y Social y reconstruir el Movimiento Obrero y Popular. Sólo de esta manera daremos un gran paso para enfrentar a la gran burguesía y a su patrón el imperialismo.

Que el homenaje a nuestros hermanos caídos sea nuestra unidad de clase.
Que el homenaje a nuestros compañeros héroes sea la Dirección Revolucionaria.
Que el homenaje a nuestros muertos sea la lucha por El Socialismo

¡¡POR LOS DERECHOS DEL PUEBLO, POR EL SOCIALISMO!!


Comité Provisional por la Convergencia Revolucionaria :

Revolución Proletaria (RP)
CORS
Movimiento Poder Popular (MPP)
Movimiento por la Convergencia Revolucionaria (MCR)


Santiago 11 de Septiembre 2008

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La izquierda y las elecciones municipales: Mejor escuchar al propio Recabarren*

En el artículo de J.C. Cartagena , “La necesidad de romper la exclusión de la izquierda en las elecciones municipales de octubre” (Rebelión 4-Sep- 2008) se hace alusión al triunfo de Luis Emilio Recabarren en 1921 cuando fue elegido como el primer diputado obrero en llegar a la Cámara de Diputados, en el contexto que se cita este hecho tiende a confundir al lector, habida cuenta que el fue elegido diputado exclusivamente con los votos de los trabajadores qe confiaron en él, no hubo en esa ocasión pactos por omisión, ni compromisos con ningún partido representantes del sistema político ,que en ese entonces eran tan explotadores como lo son hoy en día.
Pero mejor escuchar al propio Recabarren y su opinión al respecto:

Los Representantes Comunistas en el Parlamento (por Luis Emilio Recabarren)
El objeto que nos lleva al Parlamento, a la Cámara de Diputados o al Senado, es única y exclusivamente conquistar una posición más para nuestra propaganda revolucionaria, antiparlamentaria, anticapitalista, y de ataque directo al estado burgués y a sus instituciones decrépitas.

Un representante comunista no va al Congreso a hacer política, a “ cooperar con los burgueses, a pedir empleos, a mendigar sueldos, o a intrigas entre pasillos”.

El parlamentario comunista investido de la representación de un partido serio que encierra en sí las aspiraciones y la voluntad de las masas ya no sumisas; va a la Cámara a destruir, a despedazar con su crítica libre y severa, la dialéctica jesuítica y sofística, de los representantes burgueses; y a iluminar, con el resplandor de la doctrina comunista los problemas vitales que nos acosan.

El representante comunista en la Cámara, sigue siendo antiparlamentario, sigue combatiendo el parlamentarismo; y sus ideas en el Congreso, no difieren de las que expresara en vísperas de elecciones, y en su vida privada, ante sus electores.

Los que confunden, al Diputado comunista con el Diputado burgués, no saben lo que dicen.

Votar por un candidato burgués, equivale a votar por un enemigo. Todo burgués es necesariamente conservador; y todo burgués investido de una representación o de un poder, es necesariamente reaccionario; sufragar, pues, por un candidato burgués, sólo sirve para ayudar a la reacción, al chauvinismo, a la filosofía pantagruelica de los amos imperialistas, cuya obtusa mentalidad perpetúa los axiomas de los pangloss clásicos.

La “política” comunista de que hablan con énfasis de oráculos nuestros adversarios, “cooperadores” o apolíticos, no perjudica al proletariado, a los diversos sindicatos, o a la causa de la revolución.

Y no puede ser de otro modo, ya que los hombres que mandamos a los puestos de mayor responsabilidad saben ceñirse estrictamente a los principios y directivas del partido, que resguardan en todo momento, y según el más recto criterio, los intereses de “todo” el proletariado, en general.

El Partido Comunista desde hace un año, tiene en el Parlamento, dos representantes. Inútil afirmar que su “política”, para usar la palabra preferida de los que tratan, en vano! de desprestigiarnos, no ha dañado los intereses proletarios, ni disminuido el entusiasmo revolucionario,-ni debilitado la fe en un mañana mejor. Por el contrario, los intereses de los trabajadores han sido defendidos con calor; el entusiasmo revolucionario se levanta hasta en los ranchos de paja y de terrón de nuestros trabajadores rurales, hasta donde ha llegado la palabra de nuestros diputados comunistas; y la fe en días mejores se enciende en los cerebros de todos los que sufren, de todos los que padecen, de todos los que penan, como la promesa de una vida nueva.

Nuestros compañeros actúan en las Cámaras con el aplauso unánime, con la aprobación más entusiasta, de la verdadera masa laboriosa de la nación.

A nadie, pues, le será permitido aseverar- sin recurrir en una mala fe manifiesta-, que, cuando presentamos un candidato a Senador por la provincia, es porque deseamos hacer política, cooperar con la burguesía, y llevar al proletariado por una vía que no le conviene.

Nosotros sostenemos que la tarea de propaganda y de crítica que desde un sillón del Senado puede hacer un representante comunista, beneficia y alcanza a todo el proletariado, y que, por lo tanto, toda la masa trabajadora, que en el fondo, es comunista, por más que no esté inscrita en su totalidad en nuestros registros- por cuanto piensa y obra, como aconseja el Partido Comunista, que no es otra cosa en suma, que la expresión política de la táctica ofensiva y defensiva del proletariado-, debe poner en movimiento todos los resortes de la agitación y de la propaganda, para asegurar el mayor éxito posible a la candidatura comunista, desentendiéndose de los clamores (lamentaciones de eunucos) de los pesimistas a outrance; de los predicadores de la inacción, de la resignación y de la somnolencia; y de la voz monocorde de las sirenas impúdicas del cohecho.

¿Qué es el Partido Comunista?

En primer lugar no es ni será jamás un partido político, puesto que no admitirá nunca relaciones políticas con los partidos de la clase capitalista. La acción electoral sólo la admitimos como un instrumento de lucha y con carácter revolucionario, nunca con carácter político.

El Partido Comunista tiene por objeto inmediato, capacitar, orientar y disciplinar científicamente a sus adherentes, para que constituyan la vanguardia revolucionaria del pueblo y desparramados sus miembros en todos los sindicatos, ayuden a dirigir la marcha del proletariado hacia el triunfo final de nuestras aspiraciones de abolir el sistema capitalista con todas sus injusticias y miserias.

LUIS EMILIO RECABARREN S.

La Federación Obrera, Santiago, 07- abril – 1922.

* extraido desde www.rebelion.org

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La difícil tarea de la reconstrucción obrera y popular

En momentos distintos y en diferentes espacios donde se ha hecho presente la discusión y el debate de la izquierda, cuando se trata de definir el periodo actual de la lucha de clases; algunos dirigentes han hecho la afirmación de que estamos asistiendo a un cambio de periodo y para ello han considerado, como cuestión importante y central, las recientes movilizaciones; particularmente las huelgas obreras que han contado a la vez con grados significativos de masividad. Como ejemplo podemos señalar, la lucha de los obreros forestales, la de los subcontratados y la de los trabajadores de la empresa Agro Súper. Sin duda, querer caracterizar hoy día el antagonismo social y el como se expresan de forma objetiva las contradicciones entre capital y trabajo, resulta absolutamente necesario; y no por mero ejercicio intelectual y ocioso, sino para entender sobre que escenario nos estamos moviendo y cuales entonces podrían ser nuestras próximas actuaciones como actores de este enfrentamiento, todavía velado.

Tenemos que decir, que nos importa enormemente terciar en este debate, porque estimamos que toda discusión, aún la más pequeña, nos posibilita encontrar las orientaciones y referencias políticas que hagan más efectiva la tarea de acumulación en la que estamos comprometidos. Al respecto, el dilucidar temas tan importantes como conocer en profundidad la realidad, el establecer un diagnóstico de esta, con interés y rigor metodológico; pensamos es un cometido políticamente insoslayable y moralmente oportuno. Lo expresamos de esta forma, puesto que no se puede hablar de algo que no se conoce; no se puede intervenir, sin arriesgar serias equivocaciones, una realidad que no se ha estudiado. Por lo mismo, juzgamos que este ejercicio teórico de la izquierda y los revolucionarios, que además lo consideramos muy arduo, recién comienza.

LA DIFICIL TAREA DE ESTUDIAR EL MUNDO

Cuando, como resultado de la arremetida contrarrevolucionaria de los años 70, que en los planos político-ideológico desata la clase dominante. Primero, desmantelando a sangre y fuego y mediante el terrorismo de Estado, todas las categorías y el histórico y rico andamiaje conceptual que poseíamos como clase obrera organizada, asumido como un gran patrimonio cultural. Segundo, sustituyendo los contenidos que comportaba la conciencia proletaria, por degradadas formas de comprensión de lo inmediato, estableciendo un mínimo común de horizonte analítico, que se reduce a categorías de carácter chovinistas. Tercero, instituyendo gradualmente pero en términos regresivos, una concepción del mundo y de la historia, que consagra una suerte de analfabetismo cultural cuyo asiento es el miedo a pensar y a decir. Cuando esta ofensiva retrograda, se consolida y se sintetiza en la constitución del 80, el Movimiento Obrero y Popular en nuestro país ya no existía y queda patentada su desaparición con la persecución, encarcelamiento, tortura, ejecuciones sumarias y desapariciones forzadas de miles de sus militantes y líderes. Los mejores hijos del pueblo, los miles de cuadros que tantos años costó formar a nuestras organizaciones de clase, habían sufrido el exterminio y ya no contaríamos con ellos, para mantener la ciencia viva en nuestras filas.

DEMORAR EL RELOJ DE LA HISTORIA

La lucha antidictatorial constituyó para la izquierda y los revolucionarios un proceso permanente de emergencia y urgencia. El ciclo continuo acción- represión, siempre nos puso en la disyuntiva trágica de reemplazar dolorosamente las pérdidas de valiosos militantes por una generación de relevo estimulada a la lucha, fundamentalmente por la opresión y por el instinto de clase. Esta militancia que recién nacía al compromiso y a la lucha; vivía la emergencia de sumar y sumar, sin contar con el tiempo suficiente para formarse y formar a la vez a sus condiscípulos de organización y de historia. La prisa por dejar atrás la noche dictatorial, se hermanaba al sigilo para no presentar tantos flancos débiles a un enemigo poderoso. Esta constancia y combatividad de los revolucionarios, fueron a no dudar, las principales armas que erosionaron los cimientos dictatoriales, situación que muy bien aprovechada por el imperialismo y el oportunismo burgués opositor al régimen; significó la derrota del proyecto popular y revolucionario y una salida burguesa pactada a la crisis del capital. La “Alianza Democrática” surge entonces como el nuevo peón del imperialismo norteamericano, y esta vez su jugada maestra pudo contar con un elemento legitimador importante, el socialismo renovado se involucraba voluntariamente en su táctica de arrebatar el triunfo a los sectores democrático- populares.

Es el año 86, el que marca el nuevo momento de reflujo para los sectores obreros y populares. La oposición burguesa tenía todo su arsenal dispuesto a la ofensiva. En lo político constituía una amplia alianza política y social que incorporaba desde la “aristocracia” obrera, pasando por pobladores, estudiantes, gremios profesionales, hasta grandes empresarios aquejados de la competencia desigual con el capital transnacional, y partidos políticos que iban desde la llamada “derecha republicana”, pasando por el social-cristianismo, la socialdemocracia y el centrismo de izquierda representado por los socialistas renovados. En lo ideológico, con ciertas dificultades, pero contaron con una diversidad de medios de comunicación, que les ayudó a posesionarse en distintos e importantes frentes sociales, y en este ámbito de las ideas, sin duda que le fue de un extraordinario apoyo, la posición explícita de la iglesia convocando a esta salida pactada mediante el llamado “Acuerdo Nacional” cuya convocatoria fue asumida públicamente por el arzobispo Juan F. Fresno Larraín.

Fuera de escena la dictadura, comienza el proceso de demorar el reloj de la historia. La llamada “transición democrática”, no fue otra cosa que la postergación indefinida en el tiempo de todas y cada una de las demandas populares, que en su proyecto original, la “Concertación de Partidos por la Democracia” prometió solucionar en el más mínimo plazo de tiempo. La “Deuda Social Histórica” fue olvidada por este tránsito interminable hacia la “restitución democrática”. Ocurría, que mientras la “concertación” realizaba conscientes malabarismos políticos para consolidar por un lado, el modelo económico de los monopolios, y perfeccionar por otro, toda la institucionalidad para dejarla en consonancia con los grandes intereses de la burguesía monopólico-financiera, preparando con la ayuda del “consenso democrático” todo el marco jurídico-político necesario para “reformar” a favor de las privatizaciones y del “Consenso de Washington”. La clase dominante debía darse tiempo y se lo dieron, en el menor tiempo posible, y que ya suman 18 años de gobiernos pro-imperialistas, con todos los tratados de libre comercio habidos y por haber, les era urgente hacerle a los dominados, un prodigioso rayado de cancha: mesitas de diálogo y garrote, mesitas del todo decoradas y con anfitriones de amplias sonrisas para desarmar la petición social; y plomo en caso de mucho desorden de la “paz social”. Mientras la “concertación” y la “alianza por Chile” cumplieron su cometido, nosotros -el campo popular- nos deslumbramos y nos distrajimos con los voladores de luces y nos fuimos enredando en una complicada trama de fracasos. Fracasos sindicales, fracasos poblacionales, fracasos estudiantiles, fracasos políticos, en definitiva, el gran fracaso de la reconstrucción obrera y popular.

No se trataba de aquel sociologismo cliché, de “rehacer el tejido social”, de “restablecer las convivencialidades básicas”. El problema entraña situaciones más profundas y esenciales y es el definir qué fue destruido, qué fue desmantelado, qué fue cambiado o sustituido por el enemigo. Aquí entonces, surge una afirmación categórica: lo profundo, lo esencial, es el contenido histórico de la identidad de los explotados, de los oprimidos, la identidad que los cohesiona ante el hecho objetivo de la explotación, ante el hecho objetivo del hambre y la miseria. Esta identidad, es un estadio de las relaciones sociales de producción, es un momento de las contradicciones entre dominadores y dominados, entre capital y fuerza de trabajo. Esta identidad, es un estado de claridad y distinción entre los diversos componentes de la realidad material objetiva. Se trata de la conciencia, de la conciencia de clase. Pues bien, lo que caracteriza nuestra derrota como pueblo, no es el hecho simple y cotidiano, de que hayan roto “el tejido social” que de muchas formas continua intacto expresando distintos modelos y formas de relación humana. No es el hecho de que hayan quebrado las “convivencias básicas” que también permanecen soldando los elementales puentes de comunicación de los seres humanos. Lo que ocurrió de desastroso para nosotros, es que destruyeron el sentido de nuestra marcha histórica como trabajadores y como pueblo, destruyeron nuestro horizonte emancipatorio de todas las cadenas que inhiben la libertad con mayúscula de los oprimidos y explotados. Destruyeron la síntesis que se configuró en nuestros cerebros, producto de la acumulación de experiencias y conocimientos, alcanzados en años de lucha y afán por comprender lo que vivimos en una sociedad concreta y real llamada capitalismo. Esa verdad, desapareció con nuestros desaparecidos, con nuestros muertos, pero se asió subrepticiamente a la memoria colectiva e histórica de los pueblos y quedó en forma de recuerdo, quedó en forma de libro, para volverla a depositar en las cabezas de los trabajadores y del pueblo. Y en esta fase nos encontramos.

QUÉ ES RECONSTRUIR

Si bien el año pasado, las movilizaciones sociales, particularmente la de los trabajadores, mostraron masividad, cohesión y por sobre todo una decidida combatividad, que les posibilitó el triunfo y la conquista de sus objetivos (mejora salarial); no es menos cierto, que desde el punto de vista, precisamente de la conciencia, la aspiración social tuvo el límite de lo económico. Reconocemos que es una lucha absoluta y categóricamente legítima. Mejorar los niveles y la calidad de vida, es un derecho de los trabajadores y de todo el pueblo, y es una aspiración que debe concitar el apoyo y la solidaridad de amplios sectores, y debemos apuntar a que así sea. Sin embargo, nosotros sabemos que en el capitalismo, ninguna conquista esta garantizada, ningún derecho se gana para siempre, por esta razón, es que Lenin, comprendiendo acabadamente la estructura de la explotación capitalista, plantea la necesidad de rebasar en conciencia los objetivos históricos del proletariado. La conciencia de clase, es una de las categorías científicas del materialismo científico y como tal, no se reduce al ejercicio colectivo simple de sumar, organizar y movilizar voluntades en pro de una mejora económica, por mucho que esta demanda se construya sobre argumentaciones aritméticas y valóricas que la justifiquen desde el punto de vista de la equidad. El tema de la redistribución de los ingresos, que sirve precisamente de base y de argumentación a las luchas y a las concepciones reformistas de la izquierda, no se relaciona en absoluto con la conceptualización marxista de conciencia en sí y conciencia para sí, en los procesos de des-alienación que se operan en las experiencias de explotación y lucha de los trabajadores contra el capital. En este sentido el Che nos recuerda que “El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de la vida, va modelando su camino y su destino.” (El hombre y el Socialismo en Cuba)

La conciencia de clase, de la cual se habla desde los albores del Movimiento Obrero Internacional, no tiene que ver simplemente con el problema de las mejoras salariales y el elevar la calidad de vida de los obreros y sus familias (su prole). La conciencia de clase se configura y expresa, en la misma medida que los trabajadores se van explicando y van aprendiendo en el marco de las relaciones sociales de producción, que el capitalista no sólo compra su fuerza de trabajo, sino que además se apropia de la realización de la plusvalía en el mercado; cuando aprende que la existencia de la propiedad privada de los medios de producción, no de debe al resultado de leyes naturales, sino al surgimiento histórico de las clases sociales, a la expropiación del excedente económico y a la conformación de un instrumento de dominación que ejerce la coerción a favor de las clases dominantes y que recibe el nombre de Estado. La conciencia de clase, es un proceso dentro del cual los trabajadores con elevados y maduros niveles de organización, atienden el comprender la relación en que se encuentra la mercancía como modo histórico del trabajo social de los individuos, con la dinámica práctico-espiritual de las clases sociales en la producción. En otras palabras, cuando hablamos de la conciencia de clase, estamos refiriéndonos al vínculo que tiene la experiencia del trabajador, como productor de mercancías y la vivencia de la explotación de su fuerza de trabajo en el proceso de producción de mercancías, con las nociones científicas que posibilitan comprender el modo de producción capitalista, en su totalidad y en su concreción, como un proceso que posee en si mismo su propia ley y que a la vez se desarrolla sin la intervención de la conciencia e independiente de la conciencia del hombre. Y agregar que estas nociones, embrionarias en un comienzo y constituidas en teoría después, facilitan conocer al capitalismo como un proceso dentro del cual sus propias leyes contienen el modo como los hombres van haciendo conciencia de este proceso y de la posición que tienen al interior del mismo. En definitiva, la conciencia de clase, es el estadio de comprensión que los trabajadores tienen, para descubrirse en su origen y configuración como el sujeto que tendrá la misión de llevar a cabo la destrucción revolucionaria del sistema, y es lo que Marx llamó en el Capital “una enorme toma de conciencia”.

Dado lo anterior, la reflexión que se desprende de esta visión, es que la izquierda y los revolucionarios, condicionados negativamente por las actuales situaciones de retroceso o lisa y llanamente ausencia de una conciencia de clase, definamos que los grandes e históricos desafíos revolucionarios, debemos intentarlos con una fuerza social menos clara de sus propósitos estratégicos, menos convencida de sus aspiraciones tácticas, menos armada de voluntad política, y con una concepción de sociedad medianamente trazada como proyecto político, económico y social. Tal decisión, de plantearse nos ubicaría a no dudarlo, en una posición absolutamente idealista y hasta casi reaccionaria. Plantearse el desafío revolucionario, sin los supuestos o premisas que caracterizan la conciencia de clase, tal como la concebimos los marxistas, es abandonar a priori la obligada tarea de constituir el sujeto de la revolución social. Y hay que decirlo, no existen razones de tiempo y espacio que justifiquen, el no cumplir la necesaria tarea de la reconstrucción del Movimiento Obrero y Popular en nuestro país, sin considerar que tal gigantesca tarea implica un proceso de acumulación, constitución y acumulación de fuerza cuyo contenido impulsor y orientador de la marcha histórica de los sectores explotados y oprimidos de nuestra sociedad, es la plena y profunda identidad de clase, el pleno y profundo sentido de protagonismo, poseer conocimiento del capitalismo como sistema y tener delineado el horizonte del Socialismo como objetivo histórico. La definición rigurosa de las contradicciones de clase, tanto la contradicción principal como las secundarias, la definición de fuerzas motrices del cambio; significa que en el mencionado proceso de reconstrucción, la clase obrera en particular, ganará la capacidad de develar para sí y para los sectores del pueblo, las leyes del capitalismo, que la mayor parte del tiempo actúan sobre los individuos sin que estos se den cuenta. Pero además de esto, comprenderán que a pesar del extraordinario desarrollo que ha experimentado el capitalismo, no serán sus propias contradicciones, aún agotadas todas sus posibilidades, las que harán trizas el sistema.

Lo hemos dicho en muchas tribunas, en Chile, estamos experimentando todavía un retraso respecto de otros países de la región. Estamos convencidos que las movilizaciones y luchas dadas, no expresan aún un cambio de periodo y deberemos realizar redoblados esfuerzo para que a lo más en un mediano plazo se vaya perfilando una tendencia que sitúe la lucha de los trabajadores y los sectores del pueblo en otro plano, el paso de lo cuantitativo a lo cualitativo, dependerá del como la izquierda y los revolucionarios asumimos la configuración del factor subjetivo, que a nuestro juicio no debiera ser una voluntad híbrida, ecléctica y direccionando de manera ambigua la salida a la crisis actual del capital.

Hasta ahora, la atomización orgánica continua presente como expresión del reflujo y en la medida que las orgánica revolucionarias van experimentando pequeños grados de crecimiento, se van afirmando en el seno de algunas de ellas, el caudillismo y el complejo de vanguardismo, que en las actuales circunstancias a todos los movimientos o partidos revolucionarios existentes nos sienta muy mal. Por lo pronto, y aunque pueda parecer una prédica en el desierto, en el Movimiento por la Convergencia Revolucionaria seguiremos insistiendo porfiadamente en la unidad de los revolucionarios, convencidos de que ninguna orgánica actual, será capaz por si sola de abrazar la enorme cantidad de tareas que urgen en la actual coyuntura nacional. La clase dominante sigue dando lecciones de unidad que le están permitiendo sortear con comodidad los recientes errores de gestión política y se nos presentan como un solo bloque para continuar administrando la crisis del sistema. Estando así las cosas, no podemos juzgar como insuficientes y contradictorios los procesos democrático-populares que se yerguen en nuestra América Latina, pues estos en lo real y concreto expresan un importante y diríamos hasta un envidiable avance de los pueblos en su lucha contra el capitalismo y el imperialismo.

CONVENCIDOS, FIRMES Y SEGUROS: POR LA UNIDAD GRANITICA DE LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO.

MOVIMIENTO POR LA CONVERGENCIA REVOLUCIONARIA (MCR)

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Quienes Somos

Somos una instancia REVOLUCIONARIA, que marchamos por un dificil y largo camino. El de la CONVERGENCIA. Decididos a completar la misión que nos trazamos. Lo decimos de esta manera, porque no hemos comenzando ahora este esfuerzo por la convergencia revolucionaria, por la unidad de la izquierda y por la unidad social y política de los trabajadores y el pueblo. Somos una organización que pretende diluirse, en el tiempo, en una experiencia de unidad superior en la franja de los revolucionarios y junto con ello, batallar día a día por reconstruir el Movimiento Obrero y Popular, aportar al rearme de su conciencia de clase y de esta manera cimentar la construcción en Chile del Poder Obrero y Popular.

¿A QUE ASPIRAMOS?

Queremos terminar definitivamente con el hambre y la miseria, con la opresión y la explotación, con la desigualdad y la injusticia. Luchamos y lucharemos por una sociedad más justa, igualitaria, y solidaria. Combatiremos cada momento, la avaricia y codicia de la burguesía como clase, enfrentaremos hasta derribarlas, los poderes que sofocan a los trabajadores y al pueblo, sus estructuras de odio y represión. Aspiramos a una patria fraterna, a una sociedad Socialista.


¿COMO LO CONSEGUIREMOS?

Somos parte de nuestro pueblo, y con nuestros hermanos de clase, nos uniremos, nos organizaremos, levantaremos nuestras demandas y proclamaremos nuestros derechos como trabajadores, como pobladores, como estudiantes, como profesionales, nos movilizaremos y haremos valer nuestras luchas.

Impulsaremos por todo el territorio nacional, los Comités por las Demandas Populares (CDP) y estos serán nuestras armas de lucha y de conquista. Propiciaremos la organización social y política de los trabajadores y del pueblo, lucharemos incansablemente por su unidad y por conformar una gran y poderosa Fuerza Social Revolucionaria que cambie los destinos de Chile.



contacto.mcr@gmail.com

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¿EN QUE SE AFIRMA NUESTRA CONCIENCIA?

Somos Marxistas-Leninistas; la sociedad socialista que nosotros proclamamos, es una necesidad histórica, la ciencia demuestra y prueba constantemente que el capitalismo conduce a la humanidad a un callejón sin salida. Y producto del enorme daño de este, es que crece día a día el convencimiento de que sólo el socialismo permitirá superar objetiva y subjetivamente la actual realidad. Por esta razón pensamos, la teoría Marxista es una concepción del mundo, de la historia y de los hombres, correcta y en sus premisas plenamente vigente.

POR LA UNIDAD REVOLUCIONARIA,
SOCIALISMO UNICO CAMINO!!!!
POR LA SENDA DE VICTORIA!
¡¡ NADIE NOS TRANCARÁ EL PASO !!

SUMATE AL MCR

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